Carlos Castro Sauritain
Una visión romántica de la vida lo invitó a surcar los cielos para contemplar la tierra como lo hacen los cóndores. Recorrió el desierto del norte y voló donde reina la Pachamama. Desde el sol salado, pasó al continente del hielo eterno, y en un aislamiento mítico, vivió un año entero de su juventud. Regresó al norte y luego a la Patagonia. Viajó por aire, a pie y a caballo a través de la fría selva austral. Un día aterrizó en Alabama; un año después, regresó a Chile y viajó de sur a norte, sintiendo esta tierra en lo más profundo de su corazón. Su amor por la vida y por su patria lo obligó a observar con ojo crítico los acontecimientos sociales y políticos que lo rodeaban. Vivió en la ciudad de la luz, vio la niebla de Londres, probó la cerveza belga y alemana, se empapó del arte en Florencia, del romanticismo en Venecia y de la fe en Roma. No pudo escapar del encanto de la Alhambra, pero antes había sido madrileño y también toledano. ¿Cómo resistirse a subir a las pirámides egipcias? ¿O a navegar por el Nilo? Su estancia en Oriente lo conecta con culturas antiguas. Con inquietud ecuménica, oró en Jerusalén, se emocionó en Belén y cruzó el río Tiberíades. América lo atrajo mientras viajaba por todos los países hispanohablantes y por el continente donde reinan el sol y la samba. Dedicó varios viajes a tierras aztecas, tomando rutas poco comunes para el viajero común; él no es un viajero común, sino un aventurero. Entre viajes, escribe; y entre sus obras se encuentran: Cerro Princesa, Sinfonía de Otoño, Arañas, Hubo un Tiempo. Ha publicado artículos y ensayos sobre temas históricos y políticos. Editorial Mare Nostrum ha publicado: Nostalgia por Valparaíso, un hermoso volumen de versos; y Las relaciones de vecindad de Chile y la Guerra del Atlántico Sur.